De criarse sin padre, tartamudo e inseguro a convertirse en el líder de su clan
Líder emocional, espiritual, militar y económico. Hijo de un padre marroquí que no conoció porque los abandonó y de una madre española que limpiaba casas por 400 euros al mes.
Creció en un pueblo donde no encajaba, donde era rechazado y el hazmerreír de todo el mundo. Empezó a trabajar a los 15 años para mantener a su madre y a su hermano.
Pasó por más de 30 trabajos, durmió en el suelo de un gimnasio, vendió por la calle, limpió baños, estuvo a punto de morir en Australia, fue traicionado por su socio y por su mujer, y fue perseguido por la M***. Entre mil historias más.
Lo sorprendente es que en pleno siglo XXI, donde a un hombre al que le pasa todo eso le recomiendan ir a terapia a sanar heridas y traumas, él parecía hecho de otra arcilla.
Nada de eso le paralizó. Creció en el conflicto, en la guerra y en el caos, y no lo usó para quejarse ni para victimizarse: lo usó para convertirse en el recordatorio de lo que todo hombre es capaz de lograr. Nunca tuvo nada que sanar y sí demasiado que demostrar a los hombres femeninos, sumisos y emocionales de la actualidad. Que sí, hay un camino. Y ese camino es él, el símbolo más grande de resistencia del siglo XXI.



